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Elmo Renista
LOS JUEGOS SUCIOS RUMBO A 2027: LANZAN LOS PRIMEROS DARDOS
La política de Baja California ha entrado en una fase ya electoral donde el ruido comienza a pesar en el ánimo de la gente y de los propios políticos. Conforme se acerca el calendario de definiciones internas rumbo a 2027, los reflectores no solo ven proyectos o trayectorias, sino una disputa paralela que se libra descalificando a los demás.
Las señales son claras, ya que cuando ciertos perfiles empiezan a concentrar preferencias, la reacción puede ser activar campañas negras: los juegos sucios que ya todos conocemos.

Señalamientos anónimos, filtraciones sin respaldo documental y versiones amplificadas en redes y espacios pagados se convierten en herramientas. No es un tema nuevo, pero sí uno que se hace más grande cuando el escenario comienza a definirse.
Incluso podemos ver el uso de supuestos documentos oficiales no verificados verificable y la difusión de rumores disfrazados de noticias que buscar erosionar las reputaciones antes de que el debate formal arranque. La intención va a ser instalar sospechas, aunque después se desmientan, ya que los viejos políticos saben que pase lo que pase el daño ya habrá sido hecho.
Este clima no sólo afecta a quienes encabezan las preferencias, sino también impacta a la vida interna del movimiento y, sobre todo, a la percepción ciudadana.
Es bien sabiendo que cuando la lucha se reduce a golpes en los medios, el mensaje es que la política se decide en las campañas negras y no en la capacidad de gobernar. Eso es algo peligroso para la democracia.

El proceso 2026–2027 será amplio y complejo. Precisamente por ello, el reto será sostener un debate libre basado en hechos comprobables, así como contrastar visiones de futuro y evitar que los adelantados hagan de las suyas.
MARINA DEL PILAR APUESTA POR LA EDUCACIÓN EN TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE
En un contexto nacional que está marcado por el debate sobre la capacidad del gobierno para dar educación a niños y jóvenes, ais como el y abandono escolar, Baja California se coloca en una posición singular.
La administración de Marina del Pilar Ávila Olmeda en Baja California decidió atacar uno de los cuellos de botella históricos del sistema educativo, siendo éste el acceso a la preparatoria. No como un mejor discurso, sino como una política pública medible.

Los números son claros y políticamente relevantes. Al inicio de la administración existía un rezago cercano a los 12 mil jóvenes sin espacio en educación media superior. Hoy, ese rezago está oficialmente abatido. La matrícula pública pasó de 135 mil estudiantes en 2022 a 148 mil en 2025, alcanzando una cobertura que incluso rebasa el 100 por ciento. Esto significa que ningún joven que quiera estudiar se queda fuera por falta de lugar.
Este avance no es menor en un estado fronterizo donde la deserción escolar compite directamente con la violencia, la informalidad y la migración. La decisión de ampliar dos mil 150 espacios en planteles existentes y construir nuevos centros educativos en Tijuana y San Quintín apunta a una lógica territorial y social, no sólo administrativa.

El mensaje es que la educación es un eje de la gobernabilidad moderna.
No es casual, sino que tiene que ver con la estrategia “Construyendo la Paz con el Corazón por Delante”, alineada con el gobierno federal y enfocada en salud mental, prevención de violencias y reconstrucción del tejido social. Más de 416 mil estudiantes beneficiados en dos años refuerzan esa narrativa.