La Dolce Vita de Claudia Pachangatón
El gran Federico Fellini necesitaba Cinecittà para montar sus grandes espectáculos, pero acá en Baja California, Claudia Agatón ha demostrado con creces que sólo requiere de una explanada para ponerse en modo Martha Stewart armarse unas señoras pachangas.
Porque si algo hace bien la alcaldesa de Ensenada son los festivales y las quermeses. ¡Esas le salen chulas de bonitas!
No bachea ni una calle, no pone una lámpara nueva, no consigue que su Cabildo se ponga de acuerdo ni para ponerse de acuerdo.
¡Ah!... pero sáquenle las bocinas, los puestos y el papel picado y aquello se convierte en La Dolce Vita del Pacífico, con un aura casi casi como si don Alberto Morillas le hubiera dado una fumigada a la ciudad con Light Blue de D&G.
Y la bronca no es que haya fiesta, porque bastante amolada está la vida como para todavía prohibirle a la gente echarse un pozole con carnita de puerco y comprarle algo a los emprendedores locales.
Lo que llama la atención es la facilidad con la que este gobierno encuentra músculo cuando toca organizar pachanga y la flacura administrativa que enseña cuando debe resolver lo que de verdad importa.
Por eso, no es un secreto que Agatón le sale mejor aquello de ser maestra de ceremonias que ser titular del Ayuntamiento, en una Ensenada que pide pavimento, y de consuelo le dan verbena.
!Ese es el verdadero problema de gobernar desde el espectáculo!
Y sí, mucho grito, mucha fiesta y mucho ¡Viva México!, pero Ensenada lleva rato queriendo gritar otra cosa, y Claudia nomás hace como que la virgen le habla.
Ariel eterno
Ariel Lizárraga debe tener más vidas que un gato de Palacio, porque en la política bajacaliforniana lo han dado por acabado, retirado, exiliado y convertido más de una vez en pieza de archivo, pero siempre encuentra la forma de regresar, como esos personajes de Alejandro Dumas que salen de la trama y reaparecen veinte capítulos después con nueva encomienda y la misma capacidad para incomodar a media corte.
Lo señalan, lo desgastan, lo mandan al cajón de los recuerdos, le dan hasta para llevar y, cuando todo mundo supone que ya empezó otra temporada sin él, vuelve al reparto de la realpolitik.
Ahí es donde Lizárraga se parece peligrosamente a Luis Miguel… ¡Pero no por lo padrotón y carita!
Sino porque cada ausencia termina generando rumores y cada regreso parece diseñado para recordarle a todos que nunca se fue del todo.
Y mientras cambia el escenario, el reparto y la coyuntura, él vuelve con serenidad, ¡y hasta dicen que tuneada!
Pero al final, lo extraordinario, más allá de su regreso, es la cantidad de veces que consigue hacerlo después de cargar señalamientos y desgaste público.
Bien dicen que en cualquier otro oficio eso se llamaría reincidencia… pero en la grilla ¡se llama mal necesario!
Ya nomás falta que en alguna entrevista, y tras varios señalamientos que le hacen, estudio mire a cámara y diga aquello de “Versiones hay muchas, verdad sólo hay una”, mientras ponga a todo volumen “A mis enemigos” de Valetín Elizalde…“...con el sudor de mi frente. He logrado lo que he querido”.
Harfuch íntimo
“¡Llévese uno, le doy otro!”... Desde hace más de un año, el Novio de México ya puede abrigarte en esas noches de soledad, mientras te levanta una carpeta de investigación corporal en tu imaginación.
Esto, porque en nuestro Honorable Méjico Májico se venden cobijas con el rostro de Omar García Harfuch, pensadas para aquellas damas, y personas en general, que necesitan el cobijo y la protección que resguarde lo más íntimo de su lecho.
Hay quienes ven en el Batman de Cuernavaca a ese Adonis policíaco que levanta suspiros, y que es más que un héroe de almohada, al velar el sueño con esa misma diligencia con la que vigila la ciudad, según sus correligionarios y amigos de la DEA.
Por lo pronto, estas cobijas se comercializan en lugares como el Estado de México, particularmente en el municipio de Chiconcuac de Juárez, así como en la CDMX, mientras que en Internet se ofertan en Mercado Libre, donde alcanzan precios que van de los 295 a los 400 pesos.
Y como toda celebridad nacional termina tarde o temprano frente a su propia mercancía, Harfuch finalmente tuvo que encarar al otro Omar, el de poliéster.
Fue Maca Carriedo quien le obsequió una de las famosas cobijas durante el Macanazo Informativo y el secretario, entre nervioso y divertido, soltó una sonrisa que dejaría como niño a Mario Casas.
“Muy bonito”, dijo Harfuch, aclarando además que nunca le ha molestado el fenómeno y recordando que comenzó desde 2024.
Y aunque la respuesta fue breve, la sonrisa hizo el resto, y se ha comprobado que al querido Batman de Cuernavaca no le incomoda que México duerma con él.