El silencio de los legisladores federales de Baja California tras el regaño público de la presidenta Claudia Sheinbaum deja en claro que su falta de habilidad es política.
Frente a un llamado explícito a dejar la comodidad de su oficina y volver al territorio, ninguno de los diputados federales aludidos ha fijado posición pública para explicar qué están haciendo en los municipios que representan.
Esta omisión valida el reclamo de la presidenta. Están desconectados de la presencia en los lugares que, se supone, representan.
El mensaje presidencial fue claro al decirles que menos fotografía y más trabajo con la gente.
La diferencia de ese silencio fue el diputado local Juan Manuel Molina García, quien sí dio la cara. Interpretó el llamado como un exhorto a trabajar más en territorio y asumió públicamente que cada quien debía tomar lo que le correspondía del mensaje.
Esas palabras no son menores, ya que, en política, responder también es rendir cuentas.
El contraste se volvió todavía más visible con el caso de la diputada federal Evangelina Moreno Guerra. En la misma gira por Baja California en la que se registró el regaño, llegó tarde a un evento en su propio distrito: el del Viaducto Elevado.
Días después, la diputada Moreno Guerra publicó una fotografía en el Ángel de la Independencia de la Ciudad de México.
La imagen deja en claro que, tal y como la presidenta dijo con visible molestia, hay una dolorosa distancia entre el discurso de territorio y lo que funcionarios como Evangelina hacen en su día a día.
Mientras el mensaje de Sheinbaum es estar con la gente, la postal fue desde el corazón político del país, donde está seguramente gestionando sus sueños electorales para 2027.
No se trata de un linchamiento personal, sino de un síntoma colectivo. Si el regaño tuvo base en la realidad, el deber político era responder con presencia, agenda y resultados, no con silencio. Esa percepción pesará sobre ellos.