Que Edgardo Flores Campbell, todavía presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública de Tijuana, haya renunciado a la sociedad de Grupo Arza es una reacción a que se descubrió un acto de corrupción, aunque pretenda hacerlo ver con transparencia.
Eso, en la política actual, mediatizada y vigilada, no se ve bien, ya que reaccionar cuando la persona ya está exhibida no es lo mismo que rendir cuentas, aunque el ex operador de Genaro García Luna quiera tapar el sol con un dedo.
Cuando un líder ciudadano con funciones de vigilancia al gobierno tiene vínculos empresariales con contratos públicos millonarios, la sociedad sabe que es alguien en que no puede confiar.
La pregunta que deberíamos hacernos no es su poseía el 1 o el 100 % de las acciones, sino por qué seguía ahí mientras la empresa recibía adjudicaciones por más de 170 millones de pesos.
Queda claro que renunciar después de que los medios publican investigaciones no limpia el conflicto de interés que Flores Campbell protagonizo. Es más, confirma que ya no pudo sostener el costo en su reputación y prefirió hacerse a un lado.
Habría que preguntarse: si no hubiera reportajes, ¿habría existido renuncia? Esa es la incómoda pregunta para el presidente un Consejo que debería distinguirse por contar con ciudadanos de ética probada, no ex funcionarios federales cargados de sospecha y contratos milonarios.
Lo que está en juego, así como con otros supuestos líderes empresariales y ciudadanos, es la credibilidad del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública de TIjuana. Lo que todos sabemos es que es órgano que debe vigilar, evaluar y señalar las fallas en el gobierno, por lo que de ninguna manera puede estar bajo sospecha de beneficios ilegales.
Aunque no se pruebe ilegalidad, el simple riesgo de que haya colusión con autoridades dinamita la confianza y crece la petición de que Edgardo Flores Cambpell deje el Consejo y sea investigado por eso y por lo que ignoró en la época de García Luna.
Ése debería ser un mensaje para otros líderes civiles y empresariales. La ética no se mide por lo que puede hacer, sino por lo que debe evitar. Salirse cuando el escándalo ya estalló es un simple control de daños. La confianza de los ciudadanos hacia el Consejo está en juego, solo se recuperará renovando cuadros y colocando a personas que puedan hacer valer su propia palabra.