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martes 10 de febrero 2026

Por Redacción

Del reguetón a la guerra cultural: El mensaje de Benito

Esto fue más que un concierto histórico.

Las pantallas se encendían, el escenario se preparaba y millones de personas se conectaban alrededor del mundo desde la calma de sus sillones, esperando una transmisión de apenas trece minutos. Muchos de ellos no eran seguidores del futbol americano, pero sí estaban atentos a algo más: una protesta en voz de un ícono latino. El tan esperado medio tiempo del Super Bowl, en su edición número 60, no era un espectáculo más. Este año se sentía distinto, cargado de dolor y tensión en un país que parece estar en un punto de quiebre.

Benito Antonio Martínez Ocasio apareció en medio de una conversación global. Desde la calle y el barrio, obligó al mundo a adaptarse a su idioma, sin cambiar el ritmo para encajar. Con salsa y reguetón, hizo presencia latina en un país ajeno sin pedir permiso, convirtiendo el escenario en una vitrina del capitalismo cultural y, al mismo tiempo, en un acto de resistencia.

La adrenalina y el coraje atravesaban cada televisor. Sentimientos compartidos por millones de mexicanos y latinos que representan a tantos otros que han sido desechados injustamente del llamado sueño americano. Pero si dejamos de idealizar ese concepto, surge una pregunta inevitable: ¿qué significa hoy el sueño americano en pleno 2026, en medio de la persecución? ¿De verdad sigue siendo ese “me fui para tener una mejor vida”?

“Los latinos no son invitados”, dijo en una de sus canciones, como una alusión clara a que lo que es de casa no necesita invitación. Entre el perreo, el baile y las mujeres, esta vez no se trató del “reguetón barato” que algunos critican, sino de la defensa de una cultura. Como metáfora de unidad, una pareja contrayendo matrimonio en medio del show simbolizó el amor y la conexión entre dos países.

El performance se convirtió en una declaración de guerra cultural. Sin embargo, como en toda guerra, existe el otro lado. El debate dejó de ser musical para volverse ideológico. Para muchos estadounidenses, el espectáculo fue visto como una pérdida de identidad, una herida directa al ego americano. Aun así, la ovación llegó cuando, como en un equipo, fueron nombrados los países que también sostienen la economía de Estados Unidos.

Resulta interesante que la percepción en vivo fuera distinta. Muchos espectadores permanecieron con los brazos cruzados durante el show, como si presenciaran algo vacío. Y sí, quizá la voz del Conejo no sea la más afinada, ni Lady Gaga la mayor conocedora de la salsa, pero en ese momento nada de eso importaba. Ni siquiera si el género musical te gustaba o no.

Esto fue más que un concierto histórico. Fue un mensaje plantado con firmeza: los mexicanos y los latinos no buscamos encajar, buscamos visibilidad y respeto. Porque existimos, pertenecemos y, sobre todo, no nos vamos.