La tensión entre Estados Unidos e Irán vuelve a poner en evidencia que el conflicto no solo gira en torno a lo nuclear, sino al control geopolítico y energético de una de las regiones más estratégicas del mundo.
El ataque de Irán fue una historia anunciada, era de pensarse que luego de la guerra de los doce días, Estados Unidos no quedaría tranquilo ni conforme solo con intimidar. Meterse en Irán, aún si es sin tropas norteamericanas en el territorio, se trata de mucho más que solo “detener un programa nuclear”, se trata, como siempre, de los intereses geopolíticos y económicos del país que lidera Trump.
Y es que el discurso oficial se centra en lo nuclear y claro que esa amenaza existe y ha sido temida desde la guerra fría, pero el poder casi nunca mueve su tablero por una sola razón
El que Irán esté situado en la región de uno de los pasos más estratégicos del mundo, por donde pasa el 20% del petróleo global, significaba inminentemente estar en la mira, porque su verdadero poder está en su capacidad de influir en rutas energéticas vitales y controlar el flujo de lo que todavía alimenta al mundo. Es insostenible pensar que un país con recursos estratégicos tan relevantes no sea objetivo de la potencia que domina el sistema financiero mundial, que se preparó con anterioridad, interviniendo por ejemplo con su petrolero más cercano y aliándose con algunos selectos de Medio Oriente que debieron soportar también sufrir daño colateral de esta escalada.
Trump lo disfraza, como siempre, de “liberar al pueblo”, luego de haber construido su camino político en base al odio, al racismo y su poder personal. El que prometa libertad fuera, mientras se mantiene el imperio económico y militar de su casa, es solo una versión más descarada de lo que Estados Unidos siempre fue, ante un mundo que solo ha podido condenar en discurso.
Porque cuando un presidente grita su superioridad, disfrutando ser visto como el “villano del mundo”, es porque sabe que su poder no necesita ni siquiera la diplomacia, sea contra su propia corte o contra otro país. Él ha tenido claro que el verdadero poder está en quien controla las rutas económicas, energéticas y militares que sostienen el sistema global, aunque eso le cueste al mundo su equilibrio, porque el gran empresario ya saltó de inmuebles a recursos y territorios.