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Elmo Renista
ATENTADO CONTRA TRUMP: CUANDO EL ODIO Y LAS ARMAS SE COMBINAN
El atentado contra Donald Trump en Washington la noche del sábado 25 de abril no es nada más un episodio de seguridad, sino que refleja algo ya conocido en la historia estadounidense.
El país del norte, como bien sabemos, ha forjado su expansión mediante guerras, esclavitud, exterminio indígena y una cultura profundamente atravesada por la violencia. Quienes vivimos en frontera, sabemos que las armas son parte de la cultura estadounidense.
Vale la pena recordar el asesinato de Abraham Lincoln, o de John F. Kennedy, Martin Luther King Jr. y Robert F. Kennedy. La violencia política ha acompañado la historia estadounidense como una sombra persistente.
La Segunda Enmienda, que ha quedado impregnada en el ADN de una nación, permite las armas y es ya parte de la identidad cultural de una potencia mundial.
Por eso es relevante el caso de Trump, el republicano encarna una fase extrema de esa tradición.
Su discurso de odio contra los migrantes endureció la idea del extranjero como amenaza, la frontera dejó de ser un asunto administrativo para representar un miedo nacional.
En el discurso de Trump como presidente, la la migración representa invasión, reemplazo o pérdida de identidad. Eso lo ha convertido en un auténtico peligro existencial para la democracia. El rechazo y la violencia dominan el discurso.
A lo anterior se suma la política exterior. Lo agresivo del discurso contra Irán y la narrativa de enemigos absolutos alimentan una cultura política basada en confrontación permanente.
Un país que durante décadas ha usado la fuerza armada como instrumento internacional termina viviendo igual hacia el interior y se convierte en violencia doméstica. Aquí es donde lo sucedido el sábado cobra relevancia.
Es verdaderamente paradójico, Estados Unidos vive una radicalización del individuo que convierte el desacuerdo político en balas y muerte.
Dicho lo anterior, el atentado contra Trump no representa únicamente el fracaso de un operativo de seguridad, representa la muestra fehaciente de una cultura basada en los desacuerdos, el odio y el uso de armas.
Eso, viniendo de la llamada "democracia" más avanzada del mundo deja claro que la sociedad se descompone cuando los ciudadanos comienzan a usar la fuerza contra quien piensa diferente, y la cultura del "enemigo" puede más que la de la paz.

BURGUEÑO Y RAMÍREZ CUÉLLAR CONSOLIDAN NUEVO BLOQUE POLÍTICO
La visita de Alfonso Ramírez Cuéllar a Tijuana fue, en términos políticos reales, un mensaje que muestra consolidación real.
En un estado donde MORENA se alza como la fuerza política más importante, el mensaje que dieron Ramírez e Ismael Burgueño Ruiz fue relevante, pero la capacidad de articulación que mostraron lo fue todavía más.
La Convención "Construyendo Baja California" reveló coordinación de estructuras, narrativa común y alineación con la agenda federal.
Ismael Burgueño logró reunir alcaldes, legisladores, empresarios y cuadros políticos alrededor de temas estratégicos para Baja California, que van desde la vivienda, el agua, la inversión y la seguridad pública. No fue una concentración improvisada, funcionó, más bien, com una demostración de capacidad operativa.
Ramírez Cuéllar, operador clave del proyecto político nacional morenista, tampoco llegó únicamente a dar un discurso, sino que su presencia valida políticamente a Tijuana y al estado de Baja California en general como uno de los centros prioritarios del “segundo piso” de la transformación.
Cuando un perfil de ese nivel pisa territorio y habla de inversión, desarrollo urbano y unidad política, el mensaje interno es que Baja California está entrando al mapa estratégico rumbo a 2027 y los frentes políticos internos comienzan a tomar forma.
Para la política y los políticos, las señales dicen más que los comunicados, ya que dejó este encuentro es que, mientras otros grupos siguen atrapados en disputas internas, el bloque encabezado desde Tijuana tiene una agenda y una estructura propias.
