Chisme fantasma
“Who you gonna call?”, preguntaba el buen Ray Parker Jr. en aquel inolvidable tema de Ghostbusters…una canción que, cuatro décadas después, parece encontrar nueva inspiración en los pasillos de la realpolitik mexa.
Y es que después del supuesto regaño presidencial que publicó The Wall Street Journal, parece que alguien tendrá que llamar a los cazafantasmas, porque en Palacio Nacional apareció un tremendo y supuesto escándalo que, hasta ahora, nadie ha conseguido comprobar públicamente.
La historia comenzó cuando el diario estadounidense publicó que Claudia Sheinbaum habría cuestionado a Omar García Harfuch por los planes para congelar cuentas de exfuncionarios mexicanos.
Pero la presidenta salió a aclarar el asunto y, con un tono distendido, soltó una frase que le quitó solemnidad al episodio: “Siempre regaño a todo mundo”, dijo con una sonrisa.
Eso sí, señaló que pedir explicaciones, revisar decisiones y exigir resultados no significa estar molesta con algún integrante de su gabinete, mucho menos que exista un conflicto particular con Harfuch.
Sheinbaum también cuestionó a los medios que, según dijo, encuentran en el chisme una fórmula para multiplicar su audiencia.
Así que el supuesto encontronazo terminó convertido en una película de suspenso donde abundaron los rumores fantasmas.
Y como dirían los Ghostbusters, “I ain't afraid of no ghost”. Aunque algunos titulares parecen tenerles bastante cariño.
En una de esas, y justo ahora que Carlos Trejo salió de La Granja VIP y anda sin chamba, igual y los de The Wall Street Journal podrían contratarlo para investigar el supuesto regaño fantasma.
¡Culebrón borgoña!
Dicen que hasta en las mejores familias vuelan los platos, y entre el Partido del Trabajo y Morena parece que las discusiones ya se volvieron tradición, porque sus diferencias suman tantos capítulos que terminaron por crear este culebrón borgoña marxista.
El nuevo episodio lo protagonizaron Alberto Anaya y Citlalli Hernández, luego de que el dirigente petista agitara nuevamente las aguas al señalar presuntas presiones de Estados Unidos en las decisiones de Morena sobre las coordinaciones estatales rumbo a 2027.
Y como en esta familia política nadie parece dispuesto a quedarse con el último comentario atravesado, Citlalli aprovechó un seminario organizado por el propio PT para responderle al anfitrión.
“No estamos bajo presión de los gringos, no estamos cediendo a ningún grupo de interés”, soltó la morenista, aunque también recordó que ambos partidos necesitan encontrar la manera de caminar juntos hacia las próximas elecciones.
Vaya paradoja: se invitan a sus reuniones, se llaman compañeros, presumen amistad y terminan ventilando sus diferencias frente a toda la parentela.
Como decía Groucho Marx, “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”, una frase que parece escrita para esas alianzas políticas donde los desacuerdos se multiplican, pero nadie termina de soltarle la mano al otro.
Y es que a estas alturas, lo de Morena y el PT ya parece una pelea de vecindad: se gritan desde las ventanas, se reclaman hasta las macetas, amenazan con no volver a dirigirse la palabra, pero cuando llega la hora de repartir las llaves de la casa, hasta los enemigos se acuerdan de que son familia.
¡Ni planchadas ni almidonadas!
Aunque uno no sea machuchón de cuna, es indudable que siempre se hace el intento por lucir como si se vistiera de Zegna y se calzara Ferragamo, aunque en realidad traigamos unos nobles Flexi y andemos bien planchaditos con unas combativas Vittorio Forti, todo sea para legitimarse en los ecosistemas de auténtica solera fifí.
Sin embargo, y valga la analogía tan silvestre, en las elecciones mexicanas la cosa funciona exactamente al revés, porque ni una buena pasada de plancha, con vapor y almidón incluidos, será suficiente para convertir una boleta sospechosa en un voto legítimo.
Y es que resulta que el Tribunal Electoral ordenó al INE invalidar las famosas “boletas planchadas”, al ser prácticamente unas papeletas lisitas que parecen recién salidas de la tintorería y sin una sola arruga que demuestre su paso por la urna.
Hasta ahora, los consejos distritales podían revisar estas boletas y decidir si las contaban, pero los magistrados determinaron que las papeletas sin dobleces deberán separarse y quedarán fuera del cómputo electoral.
Así que para 2027 habrá que recordar aquella vieja sabiduría mexicana que siempre nos decían… “no todo lo que brilla es oro”, que en palabras INEscas, significa…”ni todo lo que llega planchadito merece un lugar en las urnas”.