Las declaraciones del pontífice se producen en medio de una creciente confrontación con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien previamente lo había acusado de ser “débil” y de favorecer posturas de la “izquierda radical” en materia de política internacional.
El conflicto se ha intensificado luego de que el Papa insistiera en condenar la guerra y promover soluciones diplomáticas, postura que ha sido interpretada como una crítica indirecta a la estrategia militar impulsada desde Washington.
Tras los señalamientos del líder religioso, Trump reaccionó con nuevos ataques, reforzando sus críticas contra el pontífice y cuestionando su papel en temas de política exterior.