La ultraderecha consiguió una victoria histórica en Alemania. Alternativa para Alemania, AfD, obtuvo 43.8% de los votos en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt, en el este del país, y se convirtió en la fuerza más votada del Parlamento estatal.
El partido consiguió 39 de los 83 escaños y quedó a solo tres de la mayoría absoluta, con lo que se colocó a las puertas de encabezar por primera vez un gobierno estatal alemán.
AfD es un partido de extrema derecha que propone restringir fuertemente la migración, deportar a millones de personas, separar a estudiantes extranjeros en las escuelas, retirar apoyo a organizaciones feministas y LGBT y modificar algunas de las posiciones actuales de Alemania frente a Europa y Rusia.
También ha generado polémica por la forma en que algunos de sus dirigentes hablan del pasado del país. Uno de sus candidatos en Sajonia-Anhalt propuso reducir el peso que tiene en las escuelas la enseñanza sobre los crímenes cometidos durante la dictadura que llevó a la Segunda Guerra Mundial y afirmó que Alemania no debería avergonzarse de su historia.
En Alemania, esa enseñanza busca que las nuevas generaciones conozcan cómo una sociedad llegó a perseguir y excluir a personas por su origen, religión y otras características. Por eso, cualquier intento de minimizar ese periodo provoca una reacción especialmente fuerte dentro del país.
Durante casi ocho décadas, los partidos políticos alemanes han mantenido un “cortafuegos” frente a las fuerzas consideradas extremistas. El acuerdo consiste en evitar alianzas que puedan facilitarles el acceso al poder, una postura que se mantiene entre partidos de distintas posiciones políticas por la memoria histórica del país.
AfD ya había ganado una elección regional en Turingia en 2024, pero quedó fuera del gobierno porque los demás partidos se negaron a colaborar. Ahora vuelve a colocarse en una posición mucho más cercana al poder.
El partido obtuvo casi 44% de los votos en Sajonia-Anhalt y, al mismo tiempo, aparece como la primera fuerza política a nivel nacional en algunas encuestas, con 28% de intención de voto.
El avance ha sido especialmente fuerte en el este de Alemania, donde parte del electorado expresa su descontento con los partidos que han gobernado durante décadas y con problemas como la migración, la seguridad, el costo de la energía y las oportunidades laborales.
Esa inconformidad ha ayudado a que AfD se presente como una alternativa al sistema político establecido, mientras sus rivales advierten que sus propuestas y algunos de los mensajes de sus dirigentes representan un riesgo para la democracia.
Las encuestas realizadas después de la elección muestran hasta qué punto existe esa división. Aproximadamente la mitad de los votantes considera que AfD representa una amenaza para la democracia, mientras la otra mitad no lo considera así.
Para algunos analistas, el resultado puede convertirse en un punto de inflexión. Thorsten Benner, director del Instituto Global de Políticas Públicas de Berlín, afirmó que los resultados demuestran el fracaso del “cortafuegos”, mientras que el politólogo Roger Stöcker lo calificó como un “punto de inflexión histórico”.
El resultado también se suma a una tendencia que ha ganado fuerza en otros países de Europa y América Latina, donde movimientos de derecha radical han crecido con discursos centrados en migración, seguridad, economía e identidad nacional.
AfD todavía necesita conseguir una mayoría para gobernar Sajonia-Anhalt y los principales partidos mantienen su negativa a colaborar con la formación.