En contraste, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, minimizó el reporte desde el Air Force One al señalar que el espionaje recíproco es una práctica habitual entre potencias ("Básicamente hacen lo mismo que hacemos nosotros"). Con estas declaraciones, Washington busca blindar la agenda diplomática bilateral y evitar que la controversia escale frente al riesgo de mayor fricción en Medio Oriente.
El episodio expone la delgada línea entre la confrontación de inteligencia y la pragmática contención política que ambos gobiernos intentan mantener. Mientras los reportes anónimos apuntan a filtraciones de imágenes previas al ataque, la respuesta de la Casa Blanca prioriza la estabilidad de la cumbre sobre la confrontación abierta por espionaje, redefiniendo el manejo público de estas tensiones.