En una ciudad compleja, con un crecimiento urbano dinámico y una sociedad con cada vez más necesidades, la reunión de Ismael Burgueño Ruiz con integrantes del colectivo "Defendamos Playas de Tijuana" es una señal política relevante.
El alcalde señala que gobernar también es escuchar, detener el paso y corregir el rumbo para evitar que se afecte la vida de la gente. Equilibrios justos y necesarios.
Frente al rechazo ciudadano al megaproyecto habitacional y comercial en Cañada Azteca, el alcalde no evadió ni dio un discurso genérico para "calmar las aguas", por el contrario, se comprometió a mantener clausurada la obra y retirar la maquinaria.
El caso recuerda a estrategias de Burgueño en otras zonas de Tijuana, demostrando sensibilidad para con el enojo de los residentes, el ejercicio de su autoridad institucional y la voluntad de poner en primer lugar el bienestar de la gente frente a la presión inmobiliaria.
Ismael Burgueño reconoció a la ciudadanía organizada como sujeta de derechos. No trató al colectivo como ruido político, sino como una expresión genuina de los vecinos que merece atención, explicación y un seguimiento adecuado. El gesto tiene peso.
La creación de una Mesa Técnica apunta a que las acciones que se realicen sean transparentes. En dicha mesa se revisará cada paso la situación con el sustento de expertos, para construir una ruta de acción con mayor seriedad.
Una delegación tan dinámica como Playas de Tijuana precisa de orden y diálogo, y eso lo observó Ismael Burgueño, midió sus necesidades y actuó en consecuencia dando un necesario y urgente orden a los proyectos urbanos.
