Desde hace unos días, en los pasillos de Toyota Tijuana pareciera escucharse, al menos de manera simbólica, “A donde vayas” de Los Bukis.
Y no porque ya mañana vayan a apagar las máquinas o cerrar los portones, ni mucho menos, pues, si el plan anunciado se mantiene, todavía faltan alrededor de cuatro años para que la producción de la Tacoma haga las maletas y concluya su traslado a San Antonio, Texas, en 2030.
Sin embargo, como en el circo de Franccesco cuando ya lleva varios meses en la ciudad, ya comenzó el coro de “¡Se va, se va, se va!”.
Por eso, no pasó mucho tiempo para que el Consejo Coordinador Empresarial saliera a ponerle nombre y apellido a la preocupación, y Octavio Sandoval López, presidente, calificara de incorrecto, confuso y hasta engañoso minimizar el anuncio.
Hay quienes aseguran que el argumento tiene lógica, porque cuando una armadora mueve su producción no solamente se desplaza una banda de ensamblaje, sino que detrás vienen proveedores, empresas de transporte, talleres, servicios, pequeños negocios y miles de familias cuya economía depende, directa o indirectamente, de esa actividad.
Porque como decía el buen de Abraham Lincoln: “Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no a todos todo el tiempo”. Así que aquí el verdadero debate no es si Toyota cerrará mañana, porque no lo hará y la producción seguirá algunos años más.
El punto es otro, y es muy simple… ¿Qué hará Baja California durante ese tiempo para que, cuando llegue 2030, el golpe sea mucho menor de lo que hoy se anticipa?.
Por fortuna, el propio sector empresarial ya comenzó a hablar de soluciones y no solamente de preocupaciones.
Invariablemente existe preocupación entre los trabajadores que hacen cuentas sobre su futuro, entre los proveedores que dependen de esa cadena de suministro y también entre las autoridades, que ahora tendrán la oportunidad de demostrar que Baja California sigue siendo uno de los destinos industriales más competitivos del continente.
Pero si algo ha demostrado esta región durante décadas es que el talento de su gente nunca ha sido el problema. La mano de obra bajacaliforniana es reconocida por su capacidad, productividad, especialización y facilidad para adaptarse a procesos industriales cada vez más exigentes.
Por lo pronto, la Tacoma ya pidió su Uber rumbo a Texas. Sí, todavía no llega el conductor, pero el viaje ya está confirmado, de modo que la pregunta ya no es si el vehículo abordará o no, sino si, cuando cierre esa puerta y emprenda el camino, Baja California ya tendrá listo al siguiente pasajero que ocupará su lugar.
Y entonces, quizá sí, "A donde vayas" dejará de sonar como una metáfora y terminará convirtiéndose en el soundtrack de una línea de producción que cambió de domicilio para siempre.
