Lunes 03 de agosto de 2026
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El club de los intocables pierde socios

El club de los intocables pierde socios

Columna editorial por BCTneus

Como si fuera deporte nacional, en México terminamos aprendiendo una larga serie de apodos aunque jamás nos propongamos memorizarlos.

Pareciera que preferimos mantener identificados, dentro de nuestro campo semántico, a personajes cuyos sobrenombres son más silvestres que los que inventaba Enrique “El Perro” Bermúdez.

Y es que para nadie es un secreto que los criminales han ocupado durante tantos años la conversación pública que sus alias suelen recordarse mejor que las enseñanzas del libro del temible Aurelio Baldor.  

Se colaron en los noticieros, en los corridos, y en las sobremesas de mariscos. Y en algunos casos, incluso terminaron incorporándose al imaginario colectivo más pipirisnais, hasta convertirse en una especie de santoral oscuro que nadie pidió, pero que todos acabamos conociendo como si fueran las antítesis de Jacob Elordi en una especie de Cumbres Garraspoñozas.

Así, en fechas recientes han vuelto a circular nombres como “El Chavo Félix”, “El Jardinero”, “El Yukito”, “R1” y “La Quiringua”.

La diferencia es que varios de esos alias comenzaron a aparecer acompañados por una palabra que durante demasiado tiempo parecía reservada para los operadores de tercera fila: capturado.

A su vez, el caso de Nemesio Oseguera Cervantes pertenece a otra dimensión. “El Mencho” no era una pieza más del tablero, sino uno de los nombres alrededor de los cuales se organizó buena parte del mapa criminal contemporáneo. Su abatimiento durante el operativo federal en Tapalpa significó la caída de una figura que durante años pareció vivir bajo una póliza de intocabilidad renovable automáticamente.

Sería importante dimensionar que la administración de Claudia Sheinbaum ha construido buena parte de su narrativa de seguridad alrededor de una sucesión de detenciones, operativos y golpes contra estructuras criminales.

No solamente contra el muchacho que vigilaba la esquina o el encargado de esconder las armas, sino contra perfiles vinculados con mando, finanzas, sucesión y control territorial.

La lista difundida por el gobierno incluye golpes contra estructuras relacionadas con Los Chapitos, el CJNG, Mayiza y otras organizaciones.

También aparecen nombres que durante años se movieron dentro del imaginario nacional como si tuvieran membresía vitalicia en el club de los intocables.

Eso modifica la percepción, pero todavía no transforma por completo la realidad.

El crimen organizado tiene la desagradable costumbre de reproducirse de una manera por demás caótica, donde si cae el dirigente, se pelean las tribus y siempre aparece alguien dispuesto a quedarse con la oficina, el sello y la caja chica.

Por eso, el verdadero resultado se debe de palpar en las siguientes semanas, con menos homicidios, menos extorsiones, menos desapariciones y menos familias obligadas a cerrar un negocio o abandonar su comunidad.

Sheinbaum y Harfuch ya lograron algo políticamente importante, en el que varios nombres temidos dejaran de parecer eternos.

El club de los intocables con apodo pierde socios, pero no hay que echar las campanas al vuelo, porque el trabajo sigue y habrá quien quiera ostentar un apodo para desvirtuarse de su nombre.


Elmo Renista
Elmo Renista Columnista

Columnista de BCTneus