La imagen de más de cinco mil personas reunidas en la Unidad Deportiva Mariano Matamoros alrededor de Ismael Burgueño dejó una señal política difícil de ignorar dentro de MORENA en Baja California.
Burgueño no solamente está apareciendo arriba en distintas encuestas rumbo a la coordinación estatal de los Comités de Defensa de la Transformación. Empieza también a mostrar algo que ninguna medición puede fabricar por sí sola, con capacidad de convocatoria, presencia territorial y un respaldo que se percibe en la calle, que es donde más importa.
Ese elemento comienza a colocarlo en una posición distinta frente al resto de los perfiles que buscarán competir por la conducción política del movimiento en el Estado.
Su fortaleza, además, no se ha construido desde la confrontación interna. Burgueño ha insistido en la unidad, en la continuidad del proyecto y en cerrar filas alrededor de la Cuarta Transformación, fórmula que dentro de MORENA puede resultar mucho más rentable que una guerra anticipada entre aspirantes, como ya ocurre entre algunos. Y es que en política, crecer sin romper suele ser más difícil que crecer golpeando.
Y por ello, lo ocurrido en Mariano Matamoros adquiere otra dimensión cuando se mira hacia adelante, porque una convocatoria de ese tamaño proyecta capacidad de movilización, organización y conexión con una base que tendrá un peso determinante cuando llegue el momento de las definiciones.
Burgueño empieza así a construir alrededor de su nombre una sensación política particularmente poderosa, con la que se pone al frente en el proceso, sin necesidad de dividir al movimiento para conseguirlo.
No es un secreto que la combinación comienza a tomar forma. Va arriba en las mediciones, consigue reunir a miles, mantiene un discurso de unidad y su nombre encuentra cada vez mayor eco entre quienes observan la sucesión gubernamental que viene en Baja California.
Burgueño acaba de poner la vara, así que mientras otros todavía buscan cómo posicionarse, él ya está entrando en una etapa distinta, y no la de alcanzar a alguien, sino la de obligar a los demás a correr detrás de él.