Han pasado casi 28 días desde que el nombre de Ernesto Ruffo Appel volvió al centro de la conversación nacional, esta vez por razones muy distintas a aquellas que lo convirtieron en una figura histórica de la política mexicana.
El proceso que enfrenta deberá resolverse donde corresponde y bajo una premisa elemental que a veces se pierde entre filias partidistas.
Sin embargo, alrededor del caso ha ocurrido algo políticamente revelador, porque la defensa con verdadero volumen de Ruffo ha tenido que construirse desde el escenario nacional, mientras en Baja California la oposición que alguna vez habría cerrado filas alrededor de uno de sus personajes emblemáticos apenas consigue hacerse escuchar.
No hay demasiado de qué burlarse, más bien provoca cierta lástima política observar la distancia entre lo que fue aquella estructura y lo que queda de ella.
Durante décadas, el PAN bajacaliforniano no necesitó que desde la Ciudad de México vinieran a prestarle voz.
Fue exactamente al revés. Baja California exportaba figuras, argumentos, triunfos electorales y hasta legitimidad democrática a un partido que encontraba aquí uno de sus principales escaparates.
Y Ruffo fue precisamente el símbolo mayor de aquella época, cuando ganar Baja California significaba demostrar que la alternancia era posible en México.
Hoy, paradójicamente, cuando ese mismo personaje atraviesa uno de los momentos más difíciles de su trayectoria, la defensa política con mayor poder tiene que venir de fuera.
Eso habla menos de Ruffo que del tamaño actual de la oposición local. Y es que de haber representado la principal fuerza política del Estado, con gubernatura, municipios, Congreso, liderazgos y una estructura capaz de disputar prácticamente cualquier elección, el panismo terminó reducido a un conjunto de figuras que, aun sumadas -bueno, las que quedan-, difícilmente consiguen alterar por sí mismas la conversación pública.
La verdadera derrota quizá ocurrió mucho antes de este expediente, cuando una fuerza política que gobernó Baja California durante 30 años perdió no solamente elecciones, sino presencia, cuadros, capacidad de convocatoria y peso frente al poder.
Por eso Ruffo tiene hoy una defensa nacional… porque la local, la de los suyos, parece derrotada desde antes de convertirse realmente en defensa.