La presidenta Claudia Sheinbaum inicia su tercer año de gobierno con una posición política sólida y un respaldo ciudadano ampliamente mayoritario.
Una encuesta nacional de Enkoll, elaborada para EL PAÍS y W Radio, coloca su aprobación en 69 por ciento, frente a 26 por ciento de opiniones desfavorables.
La diferencia de 43 puntos porcentuales entre ambos indicadores destaca el momento con el que la mandataria cerró su segundo año al frente del Ejecutivo federal.
Y para dimensionar el tamaño del 69 por ciento con el que Claudia Sheinbaum cierra su segundo año de gobierno, basta mirar el mismo momento de sus antecesores.
Enrique Peña Nieto registraba apenas 39 por ciento de aprobación, Felipe Calderón se ubicaba en 57 por ciento y Andrés Manuel López Obrador alcanzaba 61 por ciento en algunas de las mediciones publicadas alrededor de sus respectivos segundos aniversarios.
Bajo esa referencia histórica, Sheinbaum llega al inicio de su tercer año por encima de los tres, conservando un nivel de respaldo que confirma la fortaleza política con la que entra a la siguiente etapa de su administración.
Y es que más allá de la postal, el resultado muestra una recuperación del respaldo después de meses de mayores desafíos y confirma que prácticamente siete de cada diez mexicanos mantienen una valoración positiva de su administración.
Precisamente uno de los datos relevantes de este sondeo se encuentra en la percepción sobre la conducción de la relación con Estados Unidos, un frente particularmente sensible para México por sus implicaciones económicas, comerciales, migratorias y de seguridad.
En ese terreno, Sheinbaum ha logrado mantener altos niveles de confianza ciudadana, fortaleciendo la percepción de una Presidencia capaz de administrar una relación bilateral compleja sin perder de vista los intereses nacionales.
Vendrán nuevas encuestas, más obras, decisiones y acontecimientos que podrán incidir todavía más en la percepción pública. Pero, por ahora, la lectura política es contundente, y tiene a Sheinbaum llegando a su tercer año con una reserva de legitimidad que muchos gobiernos comienzan a erosionar mucho antes y con un nivel de respaldo que le permite encarar la siguiente etapa del sexenio desde una posición de fortaleza.
Una distancia de 43 puntos entre aprobación y desaprobación representa algo más que popularidad, significando margen de maniobra, capacidad de conducción y una posición de fuerza para encarar decisiones de mayor calado sin partir de una Presidencia debilitada.
En términos políticos, eso la coloca más allá del concepto de una mandataria popular, y la deja como una Presidenta que llega fortalecida al tramo en el que los gobiernos comienzan a proyectar su legado.