La visita de Claudia Sheinbaum a Tijuana durante este fin de semana terminó siendo bastante más que una concentración multitudinaria, pues la presidenta llegó a la frontera para rendir cuentas y encontró una ciudad volcada a recibirla.
Mientras a su alrededor se reunía buena parte del poder político de Baja California, fue una jornada cuya fuerza radicó en los resultados con los que pudo sostener su discurso.
Y es que a casi dos años del inicio de su gobierno, la mandataria arribó con obras en marcha, programas consolidados y decisiones que comienzan a marcar su administración en el estado.
Actualmente, son 1.1 millones de personas en Baja las forman parte de los Programas para el Bienestar, donde cientos de miles de estudiantes reciben las becas Benito Juárez y Rita Cetina, avanzando nuevas preparatorias, ampliaciones educativas y la Universidad Nacional Rosario Castellanos, al tiempo que en salud se incorporan hospitales, unidades médicas y 197 consultorios gratuitos del IMSS-Bienestar anunciados para el próximo año.
En su discurso, el agua ocupó un lugar especial con el inicio de los trabajos de la desaladora Tijuana-Rosarito, decisión de enorme calado para una zona costa que necesita nuevas fuentes de abastecimiento y que se suma al saneamiento del Río Tijuana, el Viaducto Elevado, las más de 80 mil viviendas proyectadas y el Plan de Justicia para Trabajadores Agrícolas de San Quintín.
Algunas de estos programas y obras tienen antecedentes en el sexenio anterior y otras han sido acompañadas por el gobierno de Marina del Pilar Avila Olmeda, aunque corresponde ahora a Sheinbaum darles continuidad, sumar nuevos proyectos y asumir la responsabilidad de llevar esa agenda hacia una nueva etapa.
La dimensión política de la visita también pudo advertirse alrededor de la presidenta, acompañada por Marina del Pilar, el alcalde Ismael Burgueño, presidentes municipales, legisladores locales y federales y buena parte del morenismo bajacaliforniano, incluida Julieta Ramírez Padilla, recién nombrada coordinadora estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional.
Después de semanas de movimientos internos, el encuentro permitió ver a un movimiento nuevamente reunido alrededor de Sheinbaum, sin que la política partidista terminara desplazando el motivo central de su presencia en Tijuana, que era rendir cuentas.
Ortega y Gasset escribió que “yo soy yo y mi circunstancia”, una frase que ayuda a entender el momento de Sheinbaum, quien recibió una circunstancia política favorable en Baja California y está convirtiéndola en capacidad de gobierno, aprovechando la coordinación con Estado y los municipios para empujar proyectos cuya importancia se medirá en la vida cotidiana de la región.
Pero lo más importante, es que también supo leer el lugar donde estaba parada, porque hablar en Tijuana de soberanía, migración y trabajadores mexicanos adquiere otro peso cuando Estados Unidos comienza apenas unos kilómetros adelante y cuando buena parte de la ciudad vive diariamente esa relación fronteriza.
Por eso, su mensaje encontró ahí una conexión natural con una población que respondió a su presencia y con una región que ocupa un lugar estratégico para el país.
México tiene una presidenta que llegó con resultados y proyectos para Baja California, dejando una señal bastante clara de que la frontera norte ocupa un lugar central dentro de su proyecto de gobierno.