En el ecosistema de las inversiones hay pocas cosas tan claras como el dinero. Así de simple.
Y es que una empresa puede hablar maravillas de México y tomarse la foto con medio gabinete, pero la confianza de verdad aparece cuando llega el momento de sacar la chequera.
LEGO acaba de hacerlo con 400 millones de dólares, luego de que la empresa danesa decidió ampliar nuevamente su operación en Nuevo León, donde está instalada desde 2008, y lo interesante no es únicamente el tamaño de la inversión.
Estamos hablando de ocho mil 600 millones de pesos que se irán, entre otras cosas, a un nuevo edificio de empaque y a un almacén automatizado de alta capacidad, dentro de un proyecto que suma 62 mil metros cuadrados de nueva infraestructura y que generará mil 300 empleos.
Para el gobierno de Claudia Sheinbaum no es un anuncio menor, especialmente por el momento en que llega. México lleva meses navegando entre amenazas arancelarias, ajustes comerciales y esa discusión permanente sobre lo que ocurrirá con la relación económica con Estados Unidos.
Aun con todo ese ruido alrededor, las inversiones siguen llegando y algunas de las empresas que ya están aquí están decidiendo crecer.
Eso es quizá lo que vale la pena mirar en el caso de LEGO, quienes no están haciendo una apuesta a ciegas. Lleva casi dos décadas produciendo en México y ahora decidió meter otros 400 millones de dólares para quedarse, crecer y producir más.
Nancy Sánchez Moya, directora general y vicepresidenta de Manufactura para América de LEGO, lo enfatizó al hablar del talento calificado, la infraestructura logística y el ecosistema manufacturero que encontraron en el país.
La apuesta también cae como anillo al dedo al Plan México, donde el gobierno de Sheinbaum ha insistido en que atraer inversión extranjera sirve de poco si alrededor de las grandes plantas no crecen también los proveedores mexicanos, la industria nacional y los empleos mejor pagados.
En el caso de LEGO entran además sectores como petroquímica, logística, empaques y manufactura avanzada, de manera que detrás de esos pequeños bloques de colores hay una cadena económica bastante más grande de lo que parece.
La tecnología importa, la automatización importa y competir por grandes capitales internacionales importa, pero desarrollar creatividad y habilidades desde la infancia también forma parte del país que se pretende construir.