Domingo 18 de octubre de 2026
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Francia arde y Europa tiembla… una crisis que puede cambiar el rumbo del mundo

Francia arde y Europa tiembla… una crisis que puede cambiar el rumbo del mundo

Columna de la casa

"Los que hacen imposible una revolución pacífica harán inevitable una revolución violenta." — John F. Kennedy (1962)

La advertencia histórica adquiere una vigencia renovada frente a la ola de manifestaciones que sacude a Francia, aunque la gravedad del descontento social tampoco justifica los episodios de saqueos, incendios y agresiones registrados durante las últimas jornadas.

El pasado 17 de octubre, aproximadamente 550 mil personas tomaron las calles francesas para protestar contra el encarecimiento de la vida, las deficiencias en el sistema educativo y el continuo deterioro de los servicios públicos. Sin embargo, la jornada terminó marcada por fuertes enfrentamientos, la destrucción de establecimientos comerciales y alrededor de 2,400 detenciones, según el balance oficial.

El peso de la calle en la historia francesa

Si algo conoce la nación francesa es el impacto político de la movilización social. Desde la Revolución de 1789 hasta las protestas estudiantiles de mayo de 1968 y el movimiento de los chalecos amarillos en 2018, la presión en las calles ha reconfigurado reiteradamente el rumbo del país.

La diferencia sustancial radica en que esta nueva crisis estalla en medio de una Europa asfixiada por presiones económicas, tensiones sociales y una polarización política en aumento. En este contexto, el presidente Emmanuel Macron enfrenta el tramo final de su mandato con un gobierno debilitado y con la mirada puesta en el proceso electoral de 2027.

Efecto dominó y advertencia para las democracias

Si bien la apelación de Macron para recuperar la calma resulta necesaria, el restablecimiento del orden público por sí solo difícilmente resolverá las causas de fondo que impulsaron a miles de ciudadanos a protestar.

Las consecuencias amenazan con trascender las fronteras francesas. Una mayor inestabilidad política en París entorpecería la toma de decisiones económicas dentro de la Unión Europea, fortalecería a los discursos radicales y pondría a prueba la capacidad de las democracias occidentales para responder al malestar social sin menoscabar las libertades civiles.

Las réplicas de movilizaciones en otros puntos del continente confirman que la inconformidad no es un fenómeno aislado. Sería ingenuo catalogar estos acontecimientos como simples disturbios pasajeros: Francia está enviando un mensaje claro al mundo de que cuando las instituciones pierden la capacidad de atender a su población, la estabilidad democrática comienza a fracturarse.

Elmo Renista
Elmo Renista Columnista

Columnista de BCTneus