Viernes 17 de julio de 2026
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TINTA DE LA CASA

Un año después y Ruffo no se pudo quitar las manchas del huachicol
Durante un año, Ernesto Ruffo Appel negó cualquier vínculo con el huachicol fiscal. Cuando su nombre apareció relacionado con Ingemar y con el aseguramiento de millones de litros de combustible en Coahuila, el exgobernador panista sostuvo que todo estaba documentado ante Aduanas, el SAT y la Secretaría de Energía. Incluso dijo que él y sus socios querían “tomar el toro por los cuernos” para aclarar que no tenían nada que ver con esa red.

Pero este jueves, la detención por presuntos delitos de delincuencia organizada y contrabando de combustible ocurrió en Ensenada, después de que durante meses el caso fue minimizado, negado o tratado como un señalamiento político por voces de oposición en Baja California.

La captura también llega junto con la detención de Ricardo Thompson Navarro, otro de los accionistas principales de Ingemar, empresa señalada por las autoridades federales como parte del entramado investigado.

Ambos fueron puestos a disposición de la FGR en Tijuana, dentro de una investigación que, de acuerdo con la fiscal Ernestina Godoy, apunta a una de las redes de contrabando de combustible más grandes del país, con amplitud desde Estados Unidos hacia México, así como operaciones financieras, aduaneras y logísticas de gran escala.

En el fondo, la detención golpea también el discurso de quienes intentaron cerrar el tema desde el terreno político. Durante meses, se buscó presentar el caso como una acusación sin sustento o como una persecución contra un exgobernador de oposición.

Sin embargo, la acción judicial de este jueves coloca el asunto en otra etapa: ya no se trata solo de señalamientos públicos, sino de un proceso penal abierto por delitos graves.
"Si gano, democracia; si pierdo, fraude": la nueva ofensiva electoral de Trump
Trump parece estar “curándose en salud” antes de las elecciones de medio término. Su discurso no solo reabre la vieja narrativa del fraude de 2020, sino que intenta colocar desde ahora una explicación anticipada en caso de que el Partido Republicano no salga favorecido en noviembre.

El mensaje de fondo es bastante claro: si los resultados no acompañan a los suyos, no sería por desgaste político, encuestas adversas o rechazo ciudadano, sino por una supuesta maquinaria de manipulación extranjera, registros irregulares y un sistema electoral vulnerable.

Lo curioso es que Trump vuelve a cargar contra el mismo sistema que, según él, permitió su derrota frente a Joe Biden en 2020, pero evita explicar por qué ese mismo sistema sí fue válido cuando él ganó en 2024.

Ahí está una de las contradicciones más evidentes de su postura: cuando el resultado le favorece, la elección confirma su fuerza política; cuando no le favorece, aparecen China, Venezuela, el voto de extranjeros, las cadenas de televisión y un presunto encubrimiento institucional. La narrativa funciona más como escudo político que como explicación completa.

En su discurso, Trump mezcló varios frentes: acusó a China de haber accedido a datos electorales, habló de posibles maniobras vinculadas a Venezuela, señaló a estados demócratas por supuestos registros de votantes no ciudadanos y amenazó a cadenas de televisión que no transmitieron su mensaje. Es decir, no solo cuestionó una elección pasada, sino que buscó sembrar dudas sobre la próxima.

La postura de Trump revela una estrategia política conocida: instalar primero la duda, después disputar el resultado. No necesita probar de inmediato cada señalamiento; le basta con repetir que el sistema está "comprometido" para que una parte de su base llegue a noviembre con la idea de que solo hay dos resultados posibles: victoria republicana o fraude.