Lunes 03 de agosto de 2026
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TINTA DE LA CASA

Julieta Ramírez y la deuda con López Obrador
Todo actor político llega, tarde o temprano, a ese momento incómodo en que debe comprobar si ya puede caminar por sí solo o si todavía necesita apoyarse en la figura que lo puso en el mapa.

Algo parecido le ocurrió a Simba en El Rey León. Heredar el reino nunca fue el verdadero desafío; lo difícil fue convencer a todos, y convencerse a sí mismo, de que podía gobernar sin vivir esperando el consejo de Mufasa.

Salvando todas las proporciones, los movimientos políticos y sus actores suelen enfrentarse al mismo examen.

Julieta Ramírez volvió a colocar ese debate sobre la mesa al afirmar que su trayectoria política se la debe al expresidente Andrés Manuel López Obrador y al pueblo de México.

La senadora con licencia sostuvo que, como muchas mujeres y hombres que hoy participan en MORENA, encontró un espacio en la vida pública gracias a la lucha emprendida durante años por el fundador del movimiento.

MORENA fue construido alrededor de un liderazgo capaz de movilizar votantes, ordenar corrientes internas y convertir una inconformidad dispersa en una fuerza electoral dominante.

Negar la influencia de López Obrador en la formación de sus actuales cuadros sería tan absurdo como pretender que una generación política puede explicar su origen sin hablar de quien la convocó.

Ramírez aseguró haber aprendido de López Obrador que la política no debe sostenerse sobre lealtades personales, sino sobre la lealtad al proyecto y al pueblo.

También afirmó que tiene criterio propio y que se guiará por los principios del expresidente y de la presidenta Claudia Sheinbaum, mientras su responsabilidad inmediata, dijo, será responder a la ciudadanía de Baja California y a nadie más.

Reconocer una deuda política no equivale necesariamente a renunciar a la autonomía. Puede asumirse como gratitud hacia quien abrió una puerta o convertirse en una obligación permanente de mirar hacia atrás antes de dar cada paso.

El reto para Julieta Ramírez, como para muchos otros perfiles que crecieron políticamente bajo el liderazgo de López Obrador, será demostrar que la lealtad a un proyecto también admite el ejercicio del criterio propio cuando las circunstancias lo exijan.

La verdadera prueba llegará cuando sostener ese principio implique disentir, incomodar o elegir entre la disciplina partidista y aquello que considere mejor para Baja California.

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Cero en conducta
Esperamos que el pasado viernes la diputada Evelyn Sánchez no haya cenado aguacate, porque entonces sí, la cosa se iba a poner peor que en Caborca, como decía el buen Arturo “Rudo” Rivera que en gloria esté.
 
Y es que la legisladora, quien ostenta la vocalía de la Comisión de Igualdad de Género en el Congreso de Baja California, encendió una transmisión en sus redes sociales para explicar el funcionamiento de unos vales escolares y, como si las madres estuvieran más rebeldes que Jorgito del Mazo Geis, condujo el regaño con el espíritu pedagógico de la “maestra Canuta” y aquella altura de miras que caracterizaba a la docente.
 
“Paciencia. Sigan instrucciones”, repetía, antes de lanzar el reglazo verbal de la noche: “¡Aprendan a leer la instrucción!”.
 
Las mujeres, algunas de ellas desesperadas por su situación de vulnerabilidad, preguntaban cuándo podrían canjear el apoyo de 600 pesos para uniformes, pero la diputada parecía mucho más preocupada por restaurar el orden en el salón que por despejar las dudas.
 
“Nadie les dijo que fueran a La Favorita”, reprochó, y más adelante insistió en que “todas y todos van a seguir instrucciones”.
 
Es más, hasta el mismito Dios, y no el de Spinoza, terminó incluido en la conversación.
“Dios mío, ilumíname”, soltó la legisladora, como si las madres hubieran organizado una rebelión en la escuela Mártires de Almoloya y no estuvieran tratando de averiguar dónde podían comprarle un pantalón escolar a sus hijos.
 
Pero bueno, ya fuera de toda guasa, la falta no fue simplemente haberse irritado durante una transmisión nocturna, sino tratar las preguntas de las beneficiarias como señales de indisciplina, todo por no tener la comprensión de la situación y angustia que viven miles de mujeres jefas de familia en la entidad.
 
Cuando varias personas tropiezan con la misma duda, lo razonable sería revisar la claridad de la información; ¡ah!, pero no. A Evelyn Sánchez se le hizo fácil repartir calificaciones y casi casi “declarar reprobado” al grupo entero en comprensión lectora, como si la explicación nunca pudiera fallar.
 
Lo dijo ella misma: “Si les estamos diciendo, sigan instrucciones; les dan el cupón y les dicen espérense a que en la plataforma digital les subamos la información… y no sé por qué hacen otra cosa”. Nunca pareció cruzarle una posibilidad mucho más sencilla: que la explicación no hubiera sido tan clara como ella suponía.
 
Todavía fue más lejos cuando pidió “un poquito de comprensión y empatía” para ella y su equipo, una petición que cualquiera entendería si proviniera de una organización rebasada por el trabajo, pero que resulta difícil de sostener cuando va dirigida precisamente a mujeres que solo intentaban comprender el procedimiento para ejercer un apoyo financiado con recursos públicos.
 
Porque sí, podríamos decir que, aunque la legisladora prometió publicar la información para el canje, y los uniformes eran para los hijos, el “reglazo” se lo llevaron las mamás, y justo ahí fue donde el apoyo dejó de ser un programa público para convertirse, aunque fuera por unos minutos, en una clase de obediencia. Justo como a muchas y muchos políticos les gusta… no vaya a ser que el electorado luego se les salga del huacal.
 
En fin… Diosito Bimbo nos libre de otro “profesor” que nos salga en modo “Rigoberto Patiño Pantoja”, porque de esos ya hay muchos.