Jueves 06 de agosto de 2026
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TINTA DE LA CASA

Sheinbaum y su cambió de estrategia con Trump
Claudia Sheinbaum comprendió muy pronto que discutir con Donald Trump frente a las cámaras era comprar boleto para una función donde el estadounidense siempre quiere ser protagonista.

Por eso eligió la “cabeza fría”, aguantó amenazas arancelarias, presiones migratorias y exigencias en seguridad sin convertir cada desacuerdo en una pelea de cantina diplomática.

La fórmula le dio resultados, mantuvo abierto el diálogo, evitó rupturas innecesarias y consiguió algo que no suele regalar Trump, quien llegó a describirla como una presidenta “formidable” y “elegante”, casi una condecoración viniendo del hombre que reparte y catafixia adjetivos como el buen bully que es.

Pero la prudencia tampoco significa instalarse para siempre en el rincón de los pacientes. The Economist sostiene que Sheinbaum dejó de poner la otra mejilla justo cuando Washington comenzó a meter la cuchara en decisiones políticas y judiciales que corresponden a México.

La presidenta respondió sin sombrerazos y anunció acciones legales por la muerte de un mexicano durante un operativo del ICE, ordenó investigar el traslado de Ismael “El Mayo” Zambada y marcó una frontera clara frente a las presiones externas.

Así que el movimiento tiene una lectura más profunda y Sheinbaum parece haber concluido que la estabilidad conseguida durante los primeros meses le permite elevar el tono sin dinamitar la relación. Primero construyó una interlocución directa con Trump y después comenzó a utilizar ese margen para defender posiciones mexicanas, una maniobra mucho más compleja que la valentía de micrófono que suele terminar en aplausos nacionales y facturas comerciales.

No cambió la cabeza fría por la sangre caliente, simplemente recordó que cooperar no significa obedecer y que mantener una buena relación con Trump tampoco obliga a convertir Palacio Nacional en sucursal de la Casa Blanca.

La estrategia evolucionó sin romperse, porque primero evitó el incendio y ahora deja claro quién manda de este lado de la frontera.
El efecto del “Baúl Gate”
Quienes por sus expresiones y sus caras de “guácala de pollo”, dejaron muy en claro que no les gusta el amor otoñal (y que muchos interpretaron como que en una de ésas, el colágeno es el mero mero sabor ranchero, porque tal vez eso de tener que oler a baúl con Jovan Musk nomás no), son las señoritas legisladoras Nay Abuelatori y Grace Palomares, al confundir el humor negro con aventarle jitomatazos y humillar a los integrantes de la honorable tribu de plata.

Y es que, por agredir de los de 60 para arriba, donde por lógica se encuentran hasta los Sugar Daddys de alcurnia que usan Creed Millésime Impérial, al dúo poblano le cayó encima la avalancha de miércoles que provocaron.

“Es que sólo era humor negro, señorita Laura”, casi fue la defensa que emprendieron, tras insinuar en su podcast que los amigos que ya cobran Pensión del Bienestar “ya se están pudriendo”.

Resulta curiosa esa definición de humor, y reírse de aquellos que han pagado impuestos durante décadas, soportado incontables desvelos y acumulado una vida entera de experiencias, mucho más de lo que suman ellas dos juntas.

Por eso, el escándalo no fue menor y escaló hasta Palacio Nacional, donde la presidenta Claudia Sheinbaum rechazó cualquier forma de discriminación, venga de MORENA, de otro partido o de alguien sin militancia, y dejó en manos de la dirigencia nacional guinda la decisión sobre una posible sanción.

Traducido al dialecto de la grilla, la mandataria no les compró el boleto del “humor negro” ni les tendió salvavidas, por lo que ahora será MORENA quien determine si semejante rutina merece un boleto directo hacia la congeladora electoral.

Así que ahora, alguna curul debe estar oliendo a olvido en la boleta. Y el Clúster de Sugar Daddys puede estar tranquilo… el “tres Doritos después” llegará pronto.